El lujo del provincialismo

La saturación de información en los medios de comunicación hoy en día han hecho del provincialismo un lujo. El ciudadano promedio en cualquier país desarrollado se mantiene moderadamente «informado» de lo que ocurre en el mundo. Tiene una idea vaga del genocidio del pueblo palestino a manos del ejército israelí, de las protestas en Irán, de la invasión rusa en Ucrania, del militarismo de la policía migratoria en Minnesota. Cada vez los noticieros y las redes sociales nos muestran una crisis, un desastre, una injusticia, una desgracia. Esto, por supuesto, produce ciudadanos ansiosos, cansados y deprimidos. ¿Qué debe hacer uno frente a tanto dolor?

A los medios de comunicación les conviene económicamente que la ciudadanía se mantenga emocionalmente exhausta. Nuestra empatía es instrumentalizada hasta el agotamiento, haciéndonos pensar que la única manera de efectuar un cambio en nuestro entorno es a través de nuestros hábitos de consumo. ¿Quieres ayudar a tu comunidad? Compra producto X, porque comprar Y o Z perjudica a tal o cual grupo.

La realidad no es tan drástica. Son muy pocas cosas las que verdaderamente precisan nuestra atención, entre ellas nuestra salud, nuestros seres queridos, nuestras responsabilidades inmediatas en el hogar y el trabajo... y ya. Todo lo demás es sobrecarga informativa.

En otros tiempos lo más anhelado era ser cosmopolita. ¡Qué halago que así nos llamasen!

Hoy en día es un lujo que nuestra atención sea dedicada a una comunidad inmediata. Lo curioso es que si así fuera en todos lados, los cambios positivos comenzarían a manifestarse inevitablemente.

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