Adiós MacBook Air

No sé precisamente por qué no escribí al respecto cuando ocurrió, pero el caso es que ocurrió. ¿Recuerdan ese MacBook Air del año 2015 que mencioné en tantas ocasiones? Lo quebré. Se quebró. Ya no lo uso.

Esto pasó hace un poco más de un mes, el veintiséis de diciembre. Había instalado Ubuntu en el ordenador y funcionaba de maravilla. Fue todo un evento, recuerdo lo feliz que estaba de haber instalado Linux en aquella laptop porque significaba una separación por completo de todo el software privatizado. De alguna manera era el único dispositivo que sentía completa y totalmente mío. Sé que es tonto sentir cariño por algo material. En fin, no quería que pasara sin mencionarse por acá.

Escribí con tanto entusiasmo acerca de esa computadora en este blog que me daba pena no darle un tipo de adiós, por más cursi que suene eso.

Ese mismo día escribí un poco del suceso. Paso acá mis notas.

Escribo a diez minutos para las siete de la tarde. Estoy triste. Mi MacBook Air se quebró junto con mi monitor. Ahora mismo escribo en mi MacBook Pro, elevada con la base para laptops de Snoopy que compré en Miniso el otro día. No es lo mismo, por supuesto. Es curioso, esto se siente futurista y me encanta el ángulo de escritura, pero no es lo mismo. Me pesa haber perdido el monitor, pero el tiempo que invertí desde el quince de diciembre instalando Ubuntu y familiarizándome con el sistema, me duele haber perdido un dispositivo que funcionaba a la perfección. Así que quiero cambiar mi mentalidad al respecto, porque debería verlo como una liberación. ¿Liberación, dices? Sí, precisamente una liberación.

Comienzo a entender que mi deseo por aquel ordenador representa el deseo por un ser fantástico de mi imaginación. Más precisamente es una proyección de un deseo, el de un B que existe en noches nostálgicas al conticinio, el que imagina mundos a través de la lectura de blogs y sitios web antiguos porque le brindan tranquilidad y le hacen partícipe de una nostalgia que lo asedia en los recuerdos. Y eso, por supuesto, no es sustentable. Así que con la pérdida de dos de mis herramientas de nostalgia (y trabajo, aunque he hecho de mi trabajo una manera más de pasar tiempo con esas nociones antiguas) me planteo el futuro.

Adiós, amiga.

Categoría: Retroinformática